La crítica política llega al Outono de Teatro, con efecto desigual

27/10/15

Una de las escenas de "Los esclavos de mis esclavos"
Raúl López para Diario de Bergantiños

Teatro do Morcego y Meridional Producciones se subieron al escenario del Pazo da Cultura en el penúltimo fin de semana del festival con "Presidente" y "Los esclavos de mis esclavos"


La crítica al sistema político actual (nacional e internacional) fue el eje vertebrador del penúltimo fin de semana del Festival internacional Outono de Teatro carballés, aunque tuvo un efecto desigual.

El viernes se subió al escenario del Pazo da Cultura Celso Parada con una de las obras más esperadas del FIOT, “Presidente”. Tan esperado era el espectáculo por el público carballés que fue uno de los primeros en agotar las entradas apenas salir a la venta, incluso antes que la celebrada Blanca Portillo. Sin embargo, Teatro do Morcego pasó esta vez por Carballo con más pena que gloria. Lo que se esperaba como una ácida crítica a la política nacional y a las artimañas para conseguir el voto -un tema muy actual-, se queda en un chiste fácil que en alguna ocasión despertó la sonrisa del público, sobre todo en el único momento en el que la obra cambió de ritmo y metió el acelerador para representar el paso del tiempo de la campaña con Parada hablándole, siempre con el mismo discurso (adaptado), a agricultores, ganaderos, pescadores, empresarios, constructores….

Pero a la obra le faltó profundidad, mordida, meterse en las cloacas del sistema político, mostrarla y, a través del humor, criticarla. Las interpretaciones, más allá de la de Parada, fueron poco creíbles, demasiado acartonadas, demasiado fingidas.

No obstante, a muchas personas les gustó la obra y a la salida del teatro comentaban “es todo verdad”; ante lo que no se puede dejar de pensar: “la verdad es mucho peor”, de ahí la pena de que Teatro do Morcego solo se haya quedado en la superficie, en lo más reconocible. Para otra vez será.

Todo lo contrario fue el estreno mundial de “Los esclavos de mis esclavos” de Meridional Producciones que representó una historia poco habitual en el FIOT: el permanente estado de guerra en Oriente Medio y las muchas “diferencias” culturales que, a la larga, se disipan cuando nos damos cuenta -en el abrazo de Anik (la alto cargo de Acnur) y de Amina (la mujer en burka)- de que todos somos humanos.

El único "pero" que se le puede encontrar a la obra es a nivel interpretativo, con poca soltura, pero achacable indudablemente a la falta de rodaje. El texto de Julio Salvatierra plantea de manera brillante el choque entre el Islam y Occidente a través del secuestro en las montañas afganas de tres occidentales -Rober un cooperante italo-español; Ismail, un famoso autor de best sellers de origen afgano pero emigrado a los Estados Unidos y Anik- y de su cuidadora, Amina.

Con el paso de las semanas los personajes van sacado sus miedos, sus reproches, sus soledades, sus aburrimientos y sus justificaciones. "Yo estoy aquí para ayudar", "hago lo que puedo", repetían.

Pero entonces toma la voz Amina, figura central donde las haya para sacar al espectador de su mirada eurocéntrica, para llevarlo un paso más allá y entender lo que se esconde detrás del velo y de una lucha que durará años. Llega con ella el punto de vista de "los otros", empezando por la burka, que para cualquier occidental, sobre todo si es mujer, es lo más semejante a una prisión, pero que para ella es un espacio de libertad en el que poder reír en una sociedad integrista en la que la sonrisa de una mujer es un pecado. Con sus palabras Amina empieza a explicar su lucha y, con ellas, despierta la conciencia del espectador - ¿y si en vez de ayudar, estamos molestando?- y deja caer una sentencia aplastante, profética, absoluta: no es un problema de armas, es un problema de justicia.

"Los esclavos de mis esclavos" seguro se convertirá en una pieza central de la escena teatral española actual y los carballeses tuvieron la primicia de disfrutar de un teatro que despierta conciencias.
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